Todo lo que necesitás saber antes de viajar a Alemania

Si estás planeando un viaje a Berlín, Colonia, Dresden, Bonn o alguno de los múltiples destinos de Alemania, está guía es para vos. Acá vas a encontrar todo lo que necesitás saber antes de viajar a Alemania.

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Información básica

Población

82,6 millones

Capital y ciudades principales

Berlín, Hamburgo, Múnich, Colonia, Frankfurt Am Mein, Stuttgart, Dusseldorf

Países limítrofes

Mar del Norte, mar Báltico, Dinamarca al norte. Polonia y República Checa al este. Austria y Suiza al sur. Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos al oeste.

Idioma

Alemán

Moneda

Euro

Visas

Al ser parte del espacio Schengen, se puede viajar a Alemania como turista durante 90 días con pasaporte argentino.

Historia

Viajar a Alemania

El territorio de la actual Alemania estuvo habitado desde tiempos remotos. Pero debió pasar mucho tiempo, con numerosas inmigraciones, invasiones y conquistas hasta que se configuraron las particularidades nacionales de los alemanes.

Acá te resumimos los hechos más importantes de la historia de este país para que leas antes de viajar a Alemania.

Los pueblos germánicos, los romanos y Carlomagno

Antes de los romanos, los habitantes de la actual Alemania eran fundamentalmente los pueblos germánicos, grupos nómadas o seminómadas. Se los reconoce como germánicos por el parentivo filogenético de sus lenguas.

En su larga historia, Alemania raramente ha estado unida. Durante los dos milenios que Europa central ha estado habitada por pueblos germánicos, el área de la actual Alemania ha estado dividida en cientos de estados. Muchos de estos eran incluso bastante pequeños, como ducados, principados, ciudades independientes o estados eclesiásticos.

Ni siquiera los romanos lograron unir a lo que hoy conocemos como Alemania: solo llegaron a ocupar los territorios del sur y el oeste. Durante esa época, fundaron ciudades que aún existen hoy en día: Augsburg, Colonia, Mainz, Regensburg y Trier, entre otros.

En el año 800, Carlomagno logró conquistar el territorio que hoy ocupan Bélgica, Francia, Alemania, Holanda y Suiza. Sin embargo, su imperio no sobrevivió a su muerte y para la siguiente generación su existencia sería más simbólica que real.

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La Edad Media

La Alemania medieval siguió marcada por la división. Mientras que Francia e Inglaterra comenzaban su evolución hacia estados-nación, Alemania seguía fragmentada por una incesante serie de guerras entre los líderes locales.

El largo monopolio de la dinastía Habsburgo al poder del Sacro Imperio Romano era solo la cara visible de la supuesta unidad alemana. Dentro del imperio, los príncipes germánicos seguían librando batallas.

La Reforma Protestante incluso hizo que la unidad religiosa desapareciera. Después de su aparición, la población quedaría aún más dividida en católicos, luteranos y calvinistas. El conflicto religioso resultante condujo a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que devastó el territorio alemán y redujo su población en un 30%.

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La Paz de Westfalia, la ocupación francesa y revoluciones por la unificación

La Paz de Westfalia en 1648 dejó a los pueblos alemanes divididos en cientos de estados. Durante los siguientes dos siglos, los dos estados mayores, Prusia y Austria, se disputarían el dominio sobre los demás.

A partir de fines del siglo XVIII y hasta que Prusia, Austria y Rusia vencieron a Napoleón en 1813 y lo desplazaron de los territorios alemanes, gran parte del área estuvo ocupada por tropas francesas.

Durante la siguiente mitad del siglo aumentaron las presiones para unificar el estado alemán. Académicos, periodistas y comerciantes comenzaron a reclamar un Alemania unificada.  El objetivo era lograr leyes uniformes y una moneda única, para así reemplazar el absolutismo de los pequeños estados con una democracia.

Las revoluciones de 1848 parecieron al principio acercarse a este sueño de unidad y libertad. Sin embargo, el parlamento exigió que, como emperador alemán, el rey de Prusia tendría que renunciar a su carácter divino y concebirse a sí mismo como ejecutor de la voluntad del pueblo. El monarca rechazó esta exigencia e impidió de esta forma que se realizara la unificación alemana.

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Otto von Bismarck y la unificación alemana

A pesar de la oposición de las fuerzas conservadoras, la unificación alemana llegó más de dos décadas más tarde, en 1871, después de la Guerra Franco-Prusiana. Alemania se transformó entonces en un imperio único bajo el poder del Emperador Guillermo I, rey de Prusia.

La unificación se logra principalmente no gracias a fuerzas liberales o revolucionarias, sino más bien por el accionar de un aristócrata conservativo prusiano, Otto von Bismarck. Como canciller, Von Bismarck logró comprender la influencia del nacionalismo y lo utilizó para preservar el orden social del feudalismo y el triunfo de su propio país, Prusia, en la larga batalla por el poder sobre Alemania.

A través de una serie de maniobras diplomáticas y algunas campañas militares, Bismarck logró unir Alemania sin incorporar a Austria. Logró así la llamada “pequeña Alemania“, compuesta por Prusia y los estados alemanes restantes. Se inicia un período de gran desarrollo nacional alemán en todos los campos: economía, política y milicia.

Con la coronación de Guillermo II como Káiser, se inicia un enfrentamiento entre él y Bismarck, el cual provoca la caída del canciller en 1890. El emperador será incapaz de continuar con las políticas implantadas por Bismarck.

Sumado a esto, las presiones de los partidos más liberales y en contra de la hegemonía prusiana se empiezan a notar. Alemania se ve poco a poco en la incapacidad de mantener el equilibrio europeo, que para entonces era más que nunca la base del equilibrio mundial.

La Primera Guerra Mundial y la República de Weimar

En la Primera Guerra Mundial (1914-18), los objetivos de Alemania eran anexionistas. El plan era lograr una Alemania con mayor territorio, con Bélgica y Polonia como estados vasallos y colonias en África. Sin embargo, la estrategia militar de Alemania, con frentes en Francia, Bélgica y Rusia, terminó sin éxito.

La derrota de Alemania en 1918 significó el fin del Imperio Alemán. El Tratado de Versalles, el acuerdo de paz negociado por el lado victorioso (Inglaterra, Francia y EE.UU.) en 1919, impuso condiciones punitorias sobre Alemania. Esto significó pérdida de territorios, reparaciones financieras y una milicia disminuida.

La República de Weimar (1919-33) se estableció con una constitución que sentaba las bases para una democracia parlamentaria. Sin embargo, este se convertiría en un periodo de gran inestabilidad debido a la fragmentación en partidos minoritarios y al rechazo de los militares a aceptar la derrota y los acuerdos impuestos por los vencedores. La crisis económica como consecuencia del Tratado de Versalles que hacía que Alemania pagara grandes tributos como trofeo de guerra y la hiperinflación conlleva la ruina para una gran parte de la clase media.

Así se produce una situación propicia para el auge de ideas nacionalistas y ultraderechistas. Para mediados de 1933, la República se ve destruida por Adolf Hitler, su enemigo declarado. En las elecciones de ese mismo año, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP, nazi) consigue llegar al poder, y finalizará enseguida la primera experiencia democrática alemana.

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Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial

La política de Lebensraum (espacio vital) implementada por Hitler se basaba en que todos los países de habla alemana debían estar unidos. Esta se vio reforzada gracias al Pacto de Múnich, que anexaba territorios de Checoslovaquia, y la invasión alemana de Polonia, lo que finalmente llevó al estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa el 1 de septiembre de 1939.

Alemania obtuvo inicialmente grandes éxitos militares y consiguió el control sobre Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Luxemburgo, Balcanes, Grecia y Noruega en Europa, Túnez y Libia en el norte de África. Sin embargo, el ataque a la URSS fue decisivo para demostrar que el ejército era insuficiente para abarcar tanta extensión de terreno. Además, el ingreso de los EE. UU. en la guerra, acaba por dar un giro que lleva a la derrota de Alemania, que firma su rendición el 8 de mayo de 1945.

Esta guerra no solo fue carácter económico-político, sino que sirvió para aplicar severas leyes racistas, en lo que hoy conocemos como Holocausto. No solo se asesinaron seis millones de judíos, gitanos, rusos, serbios, polacos y otras etnias, sino que en los campos de concentración creados en todos los territorios conquistados se encerró a deficientes mentales, homosexuales y disidentes ideológicos.

La posguerra y la unificación alemana

Después de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) llegó la ocupación por parte de los poderes victoriosos. Alemania quedaría así constituida en dos estados. El oeste, bajo el mando de EE.UU., Inglaterra y Francia tomó el nombre de República Federal Alemana y se desarrolló bajo un sistema capitalista. El este o República Democrática Alemana, con poder de la Unión Soviética, se convirtió en un estado comunista.

La RDA nuncá logró alcanzar el poder económico de su contraparte occidental, lo que terminó haciendo que los soviéticos construyan un muro para que sus habitantes escapen al oeste. El mismo dividía incluso la capital, Berlín, donde aún se pueden ver tramos hoy en día.

Después de más de 40 años de enfrentamiento político y económico, en lo que se conoció como la Guerra Fría, el Muro de Berlín cayó en 1989. La unificación alemana revertió la separación geográfica entre ambos estados, si bien la total integración económica no se ha llegado a alcanzar con éxito.

Transporte

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Foto de Metro Centric, Flickr [editada]. Licencia CC by 2.0

La red de trenes de Alemania es una de las mejores de Europa. Si bien los precios no suelen ser los más bajos, la página oficial (DB Bahn) siempre tiene buenas promociones, con tarifas reducidas en los boletos Sperpreis (no flexibles).

Los trenes para moverse por Alemania son generalmente los ICE (de alta velocidad), los IC (que conectan las ciudades principales) y los regionales (IRE, RE y RB), que son algo más lento pero llegan a pueblos más alejados. Los S-Bahn son los trenes metropolitanos, y el U-Bahn es el subterráneo o metro de cada ciudad.

Si tenés varios viajes planeados por Alemania, lo mejor es buscar un pase. DB Bahn tiene diferentes tipos: pases regionales, por fin de semana o por día. Tené en cuenta que tienen restricciones en cuanto a los días que los podés usar y los tipos de trenes en los que podés viajar.

La red de DB Bahn también se conecta con la de otros países de Europa, por lo que la página también sirve para encontrar viajes para salir de Alemania. Esto son generalmente a través de los trenes ICE y EC (Eurocity).

Hospedaje

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Foto de Robert Young, Flickr [editada]. Licencia CC by 2.0

A menos que vayas en una época de alta confluencia turística (como el Oktoberfest en Múnich), el hospedaje suele ser amplio y variado en Alemania. Aunque, como siempre decimos, si querés buenos precios, es recomendable buscar temprano.

El transporte de las ciudades alemanas es muy bueno, por lo que si querés ahorrar un poco siempre conviene hospedarte un poco más lejos del centro y moverte en tren o metro. Por supuesto, hacé la cuenta para que el presupuesto en transporte no se te vaya de las manos…

En casi toda Alemania hay muchas opciones de Airbnb, que probablemente es la alternativa más económica. Si es tu primera vez usándolo, haciendo clic acá podés acceder a un descuento de USD$34 en tu primera reserva.

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Comida

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Foto de Didriks, Flickr [editada]. Licencia CC by 2.0

Probablemente el plato más famoso de Alemania para el resto del mundo sean las salchichas (o Wurst en alemán). Hay tantos tipos como regiones en el país, pero las más famosas son la Bratwurst (frita o asada) y la Wiener (tipo vienesa).

El currywurst es toda una institución en Berlín, donde se puede comer en puestos callejeros al paso. Se trata de una salchicha cortada y cubierta con ketchup y curry.

El Spätzle, una pasta a base de huevos, harina y agua, es uno de los pocos platos vegetarianos alemanes. Es bien típico del sur del país y se sirve solo como plato principal o como guarnición.

La papa (Kartoffel) es sin duda la protagonista de la cocina de Alemania. La variedad de opciones es enorme, con platos como el Bratkartoffeln (papas fritas con panceta y cebollas), las Klöße (bolas de papa) o Kartoffelpuffer (una especie de panqueque de papas).

En cuanto a los dulces, los alemanes son especialistas en la pastelería. Las tortas alemanas son famosas, pero quizás la más famosa sea la Schwarzwälder Kirschtorte o torta Selva Negra, proveniente de la región de Baden.

Cultura

Valores alemanes

Más allá de los estereotipos y si bien Alemania tiene una amplia variedad de valores y tradiciones según la región, hay algo que se suele aplicar a todos sus habitantes. Y es la importancia del orden y la estructura en la vida alemana.

Los alemanes se suelen sentir más a gusto cuando pueden organizar sus vidas lo más posible. El tiempo se maneja cuidadosamente y los calendarios y cronogramas se respetan a rajatabla. La puntualidad es así uno de los valores culturales más contemplados. Llegar tarde es, para la mayoría de los alemanes, una absoluta falta de respeto.

Hay una idea de los alemanes como personas estoicas y formales. Esto es en parte cierto, especialmente si se los compara con los más extrovertidos españoles o italianos. Sin embargo, los alemanes saben divertirse, y suelen ser personas generosas y muy amables.

Son por lo general muy directos y no dan muchas vueltas a la hora de tener que dar su opinión más sincera. Son también conocidos dentro de Europa por ser muy poco pacatos: no es raro encontrar en Alemania playas y saunas nudistas.

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El hogar alemán

El hogar y la vida familiar son objeto de gran orgullo para los alemanes. Las casas alemanas suelen ser ordenadas, y cada objeto generalmente tiene su lugar definido.

En una sociedad donde las interacciones suelen ser algo formales, la casa es para sus habitantes el lugar ideal donde relajarse y ser uno mismo. Es por esta razón que es difícil que un alemán te invite a su casa si no te conoce: este es un ámbito para amigos y familiares cercanos.

Algo muy particular de las casas y departamentos alemanes es que generalmente vienen sin cocina. Sí, leíste bien. Y no solo sin horno o heladera. Sin mesada ni alacenas tampoco. La costumbre en Alemania es “llevarte” la cocina cuando te mudás, y tener que instalarla en tu nueva casa.

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Arte y arquitectura

Desde sus comienzos, la cultura alemana ha estado marcada por los principales movimientos artísticos europeos, tanto religiosos como seculares.

En el campo de la literatura, Alemania ha sido cuna de grandes escritores como Thomas Mann, Hermann Hesse y Johann Wolfgang von Goethe. Los alemanes se han destacado particularmente en la filosofía, especialmente gracias a las teorías de Immanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Arthur Schopenhauer, Karl Marx y Friedrich Nietzche.

En la música, Alemania ha dado compositores como Bach, Beethoven, Wagner y Strauss, entre varios otros. Más recientemente, los músicos alemanes han ejercido una gran influencia en nuevos estilos, como la electrónica, el punk y el metal.

Dentro de los pintores, se destacan figuras más clásicas como Lucas Cranach el Viejo, Hans Holbein el Joven, Caspar David Friedrich, Adolph von Menzel, Max Liebermann. Entre los artistas del siglo XX podemos nombrar a Käthe Kollwitz, Ludwig Kirchner, Max Ernst, Otto Dix  y Gerhard Richter.

Los alemanes también han tenido numerosos éxitos en el mundo del diseño, con la Bauhaus alemana como el símbolo más renombrado. Marcas alemanas como Escada, Hugo Boss, Puma y Adidas son algunos de los ejemplos contemporáneos en este campo.

El cine de Alemania ha sido, desde su nacimiento, uno de los más influyentes del mundo. El Gabinete del Dr. Caligari (1920), Nosferatu (1922) y Metrópolis (1927) son muestras del brillante Expresionismo Alemán que surgió en los años de la República de Weimar. Durante los años 70 y 80, apareció el llamado Nuevo cine alemán, con directores como Werner Herzog y Wim Wenders.

 


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