Viajar sin destino: la historia de Erika y Paul

Hay cosas que no se pueden planear.

Si bien la necesidad de lo certero nos empuje muchas veces a organizar y planificar, cualquier viajero de la Panamericana podrá asegurar que no hay nada menos “planeable” que esta ruta.

Lo que pensabas que eran 2 horas de viaje terminan siendo 8.

La playa a la que estabas esperando llegar con todas las ganas del mundo, resulta estar repleta de gente.

Pero ese camino alternativo que no ibas a tomar te termina llevando a la cascada más increíble o las ruinas más imponentes que viste en tu vida.

La Panamericana es impredecible.

Si bien tiene un principio y un fin marcados (Alaska-Ushuaia, o Ushuaia-Alaska, dependiendo cómo la mires), en el medio puede pasar cualquier cosa.

Podés decidir hacer solo un tramo. O desviarte hacia los países que no están en “la lista oficial”.

O, como les pasó a Erika y a Paul, podés salir por 1 año y volver en 5. Con un hijo. Y con un libro.

El “nombre” de Erika y Paul hace honor a su travesía: esta es definitivamente la historia de un “viaje sin destino”.

 

Antes de la Panamericana

Erika (30) y Paul (30) son argentinos. Ella es artista y él, actor, y en Argentina se dedicaban a la docencia.

Siempre llevaron la aventura en la sangre: fanáticos de la naturaleza, les encanta hacer buceo y estar al aire libre.

Antes de la Panamericana, nunca habían hecho un viaje así.

Pero Alaska está lejos: casi 50.000 kilómetros de ruta separan el estado del norte con el sur de Argentina.

¿Cómo hace uno para ponerse semejante meta y logra cumplirla? Había que cruzar más de una docena de países, pensar en presupuestos, itinerarios, posibles fallas mecánicas…

Cualquiera que haya contemplado hacer esta ruta podrá entender que intentar planearla es una tarea imposible.

Erika y Paul se dieron cuenta de esto de entrada, y decidieron entonces verlo de otra forma.

 

VSD

La patente de su querida Aurora, una kombi VW T2 que los acompañaría en su travesía, les dio la respuesta: VSD 086.

En el colectivo a casa después de verla por primera vez, imaginando ya cómo sería recorrer las largas rutas de América con ella, a Erika y Paul se les vino a la mente el nombre de su aventura: Viaje Sin Destino.

Para ellos, como para muchos que hacen este viaje, Alaska era solo una excusa.

Un punto más en el mapa, un norte al cual apuntar. Pero el objetivo era otro: salir. 

Hay una frase de Stevenson que nos encanta, y que incluso la incluimos en el “manifesto” de “Por qué somos el antitour”:

YO NO VIAJO PARA IR A ALGUNA PARTE, SINO POR IR. POR EL HECHO DE VIAJAR. LA CUESTIÓN ES MOVERSE

Erika, Paul y Aurora querían moverse.

Y así lo hicieron: era agosto de 2013, y desde un frío San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, Erika y Paul pusieron marcha a Aurora y comenzaron su Viaje Sin Destino por la Panamericana.

 

El viaje sin fin

En el logo de Viaje sin Destino se ve una pequeña Aurora, blanca y amarilla bajo un cielo de estrellas. A su alrededor, el nombre de la página tiene su versión en español, y otra en inglés, “Never Ending Journey”: el viaje sin fin.

5 años pasaron de esa fría mañana en San Fernando. En ese tiempo, Erika, Paul y Aurora recorrieron más de 80.000 kilómetros.

80.000 kilómetros que se traducen hoy, para sus lectores y seguidores, en cientos de fotos con las más variadas aventuras.

Caminando por viñedos en San Juan, haciendo rappel en cuevas en Ecuador, compartiendo mesas con familias colombianas, atravesando desiertos en Chile y Bolivia, contemplando el esplendor de templos aztecas, paseando por cañones milenarios en Norteamérica, e incluso llegando a Alaska, la meta “no-meta”.

Pero para ellos, el viaje es mucho más que eso.

Como casi todos, Paul y Erika arrancaron con miedos y dudas.

Su mecánico en Buenos Aires, ya tiempo después de que se hubieran largado a la ruta, les confesó que la primera vez que vio a Aurora pensó que no iban a llegar ni a San Nicolás.

En el camino, sin embargo, aprendieron que “el prejuicio es un mal consejero” y dejarlo atrás les daba la posibilidad de abrirse a nuevos horizontes.

Se encontraron haciendo cosas que ni sabían que podían hacer, como ponerse a vender sus fotografías en una feria, cruzando ríos en Alaska o sacándose fotos y compartiendo historias con un policía que los quería multar en Panamá.

“Este viaje cambio nuestra forma de ver el mundo, de entender las culturas y comprendernos a nosotros mismos. Se podría decir que si bien ha sido un viaje físico, fue mayormente un viaje interior“, dicen.

 

Nican Axcan y un nuevo viaje

Ese viaje que Erika y Paul empezaron en 2013 terminó, de alguna manera, a principios de 2018. 

En marzo, después de un par de meses en el mar, Aurora llegó a Montevideo en un contenedor. Paul y Erika, que habían vuelto a Argentina desde Estados Unidos un tiempo antes, corrieron expectantes a buscarla.

Al equipo de Viaje sin Destino se sumaron, en este tiempo, 3 nuevos integrantes. 

Uno es Indiana, un trailer remodelado que sirve de “oficina portátil” para Aurora y lleva sus mismos colores brillantes.

Los otros 2 se concibieron durante el viaje, y vienen a marcar el nuevo capítulo en la historia de Erika y Paul.

Munay tiene ahora 3 meses y acompaña a sus padres en sus aventuras en la ruta que, por ahora, son a destinos cercanos de casa.

“Pensamos que ir hasta Alaska era audaz, pero esto de ser papás es el triple de difícil y no hay tutoriales para ello”, dicen.

El tercer nuevo integrante es Nican Axcan, la novela que escribió Paul basada en el épico viaje que hicieron con Erika de Argentina a Alaska.

Según la filosofía de los antiguos mexicas, Nican Axcan es una expresión que encierra un estilo de vida, un aprendizaje, una búsqueda.

Hoy, más que nunca, Paul y Erika están en un nuevo viaje sin destino: aprendiendo a volver a casa, a ser padres, a hacer lo que aman y a jugársela por lo que los apasiona de verdad.

 


Pueden seguir los viajes de Paul, Erika y Munay en su página web, su Instagram y Facebook. Y acá podés encontrar más información de su libro.


 

Viaje Sin Destino es una invitación a salir a jugar, es una invitación a romper los paradigmas de lo conocido, es un constante cuestionamiento de los temas mas profundos de nuestra sociedad. Es salir, dejar el confort, ir, ver, tocar, sentir, vivir…solo con una condición: no saber hacia dónde.

 

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