Sobre comprar un vuelo sin saber cuando volver

– Bueno, ¿sacamos el vuelo la semana del 6? No, la siguiente mejor así tenemos tiempo de hacer una despedida mejor, capaz.

– Está bien, pero si ya nos quedamos esa semana aprovechamos, visitamos a un par de amigos que están lejos y armamos algo…

Que sí, que no, que más adelante, que más atrás. Este día está mil pesos más barato. Pero este horario es mejor. ¿Con escala o sin?

¿Y si cambiamos todo y en vez de Roma salimos para otro lado? ¿En realidad por qué Italia, a ver?

  • Porque tenemos pasaportes italianos
  • Y qué lindo suena el italiano (¿y qué hacemos con todas estos niveles de Duolinguo que ya pasamos?)
  • Porque Italia no está mal, mal, ¿así que capaz hay laburo?
  • Y si hay laburo, ¿de qué laburamos?
  • Pero si laburamos, ¿hasta cuándo nos quedamos?
  • Y si nos quedamos, ¿dónde vivimos?

Y no nos olvidemos de las preguntas ajenas:

  • Pero, ¿se quedan “quedan” allá?
  • ¿O vuelven? ¿Cuándo?
  • ¿Y qué van a hacer?
  • ¿Y mirá si no consiguen laburo de “lo de ustedes”? (llámese a un título universitario empolvado dentro de algún armario de la casa)
  • ¿Y se van a casar/van a tener hijos? (cuando una pareja pasó/está llegando a los 30 pareciera que la gente encuentra cualquier excusa no relacionada en absoluto con el tema para preguntarte esto)

Horas de debate, pensamientos encontrados, incertidumbre, insomnio, opiniones ajenas y propias, cuentas y análisis.

Y un día simplemente te sentás en la cama. Vos acá, él al lado. Las dos computadoras abiertas y coordinadas en la misma página, con el mismo vuelo en la pantalla.

– ¿Mirá que hago clic, eh? Lo compró, te juro que lo compro. Ya está.

– Sí, dale. Hacemos clic al mismo tiempo. Mirá si quedamos en vuelos distintos, boluda.

– Bueno, dale, contá hasta 3.

– OK. 1, 2…

3.

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